La libertad, según Alonso Quijano

Uno no puede más que maravillarse en cada párrafo del Quijote...

—La libertad, Sancho, es uno de los más preciosos dones que a los hombres dieron los cielos; con ella no pueden igualarse los tesoros que encierra la tierra ni el mar encubre; por la libertad así como por la honra se puede y debe aventurar la vida, y, por el contrario, el cautiverio es el mayor mal que puede venir a los hombres. Digo esto, Sancho, porque bien has visto el regalo, la abundancia que en este castillo que dejamos hemos tenido; pues en mitad de aquellos banquetes sazonados y de aquellas bebidas de nieve me parecía a mí que estaba metido entre las estrechezas de la hambre, porque no lo gozaba con la libertad que lo gozara si fueran míos, que las obligaciones de las recompensas de los beneficios y mercedes recebidas son ataduras que no dejan campear al ánimo libre. ¡Venturoso aquel a quien el cielo dio un pedazo de pan sin que le quede obligación de agradecerlo a otro que al mismo cielo!

Errejón, la inanidad y el mito de los bonos ligados al crecimiento

Publica hoy Íñigo Errejón (Podemos) un ampuloso artículo en El País ("Grecia en la encrucijada"), repleto de tópicos y de lugares comunes más propios de un panfleto electoral que de un presunto brillante licenciado. Convierte la bajada a la cruda realidad de Syriza en "logros parciales", dibuja una Alemania malvada que viaja "por caminos alejados de la dignidad de los pueblos europeos", clama contra "la ortodoxia de la austeridad" (recuerden mi reciente repaso de la lexicografía al uso) y afirma barbaridades tales como la que sigue:

Si se disolviera la eurozona tal y como la conocemos, todos entraríamos en un descomunal juego de suma cero: todas las partes perderían.

Le recomendaría al señor Errejón que repasase el concepto de suma cero antes de pontificar inanidades y meterse en sonrojantes charcos conceptuales. También le agradeceríamos que no dibuje realidades alternativas, como cuando afirma que "la puesta en marcha por parte del BCE de un plan de expansión cuantitativa no se entiende al margen de la entrada en escena de Syriza".  Todo un maestro del birlibirloque, Don Íñigo.

Y, por supuesto, aparece de nuevo esa idea de las "propuestas tan sensatas como financiar la deuda en base al crecimiento". A este respecto, el autor  se limita a mencionar el concepto sin explicar (ni saber, me temo) de qué está hablando, cómo funciona un instrumento de deuda ligado al PIB ni cuáles son sus pretendidas ventajas e inconvenientes, no vaya a ser que descubramos que es otro de esos globos ideológicos que tanto les gusta lanzar

Para despejar tales dudas, la semana pasada publicamos en Sintetia la primera parte de un artículo dedicado precisamente a los bonos ligados al crecimiento, una idea atractiva pero muy poco sólida y además, con paupérrima y muy discutible experiencia de aplicación:

El próximo martes 17 podrán leer ustedes la segunda parte de la entrada. Hasta entonces, sigan ustedes observando la realidad con ojos curiosos pero críticos.


Un pequeño mensaje de optimismo en una bolsa de papel reciclado

Hace unas semanas nos detuvimos a comer en un restaurante de la cadena de comida rápida mejicana (ellos la llaman "gourmet") Chipotle, muy popular aquí en los Estados Unidos.  Parte de la comida la pedimos para llevar a nuestra hija, metida de lleno en un cuadrangular de voleibol.

En seguida me llamó la atención una de las bolsas de papel reciclado, en la que podía verse un texto escrito. Pensé que se trataba de la consabida publicidad de marca, pero resultó que el texto era una reflexión de Steven Pinker (@sapinker en Twitter), psicólogo experimental, científico cognitivo, lingüista y escritor canadiense. La pieza, titulada "A Two-Minute Case for Optimism" me resultó una pequeña joya que merece la pena compartir.  A continuación les ofrezco mi traducción del inglés. Lean y dediquen unos minutos a pensar sobre lo expuesto.

Es fácil descorazonarse por las interminables noticias de violencia, pobreza y enfermedad. Pero los informativos presentan una visión distorsionada de la realidad. Tratan de las cosas que pasan, no de las que no pasan. Nunca verás un presentador de televisión informar que en un país NO hay guerra, ni que en una ciudad NO ha ocurrido un tiroteo masivo ese día, o que millones de ancianos de 80 años están vivos y saludables.

La única manera de apreciar el estado del mundo es contar. ¿Cuántos incidentes de violencia, hambre o enfermedad hay en proporción al número de personas en el mundo? Y la única forma de saber si las cosas mejoran o empeoran es comparar dichos números en períodos de tiempo diferentes: a lo largo de siglos o décadas, ¿las líneas de tendencia han sido positivas o negativas?

Y ocurre que los números nos cuentan una historia sorprendentemente feliz. Los crímenes violentos se han reducido a la mitad desde 1992, y en unas 50 veces desde la Edad Media. En los últimos 60 años, el número de guerras y de víctimas de guerras se ha desplomado. En todo el mundo, menos niños mueren, más niños van al colegio, más personas viven en democracia, más se pueden permitir pequeños lujos, menos enferman y más consiguen envejecer hasta edades avanzadas.

”Mejor” no significa “perfecto”. Demasiada gente vive todavía en la miseria y fallece prematuramente, y aparecen nuevos retos, como el cambio climático. Pero medir nuestro progreso en el pasado nos empuja a mejorar para el futuro. Los problemas que parecen irresolubles pueden no serlo; el ingenio humano es capaz socavarlos. Nunca hemos tenido un mundo perfecto, pero no resulta romántico ni ingenuo trabajar para mejorarlo.
— Steven Pinker