España, potencia mineral

España está bien posicionada para suministrar los metales necesarios para construir las baterías del futuro y desarrollar las #renovables y los vehículos eléctricos de Europa. Somos el país más rico en #minerales de la UE.

¿Explotaremos nuestro valor geoeconómico o seguiremos mareando la perdiz?

Más información: España, el país más rico en minerales de la UE, podría convertirse en el principal productor de cobalto- El Periódico de la Energía (elperiodicodelaenergia.com)

No sólo de impuestos vive el ajuste fiscal

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En mi anterior entrega en el Blog Salmón esbozábamos un decálogo para tratar de salir de la crisis provocada por el coronavirus sin fracturar los frágiles cimientos en los que se asienta nuestra economía.

Uno de los elementos críticos que destacábamos entonces era el impacto de un gasto público elevado en un contexto de reactivación moderada y menores ingresos tras una caída abrupta de la economía. Tratar de aumentar la presión fiscal de manera generalizada sobre los actores económicos y los ciudadanos para financiar ese gasto podría ahogar nuestra incipiente recuperación. La pregunta que debemos hacernos a estas alturas es, ¿podemos evitarlo?

Esta es la cuestión sobre la que reflexiono en mi último artículo del Blog Salmon: leer artículo completo

Recortes

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Llevo varias semanas haciendo un seguimiento diario de la coyuntura económica española en mi timeline de Twitter (pueden seguir este tuit y su hilo), que sumarizo cada mes en mis artículos para el Blog Salmón.

Una de las consecuencias del deterioro macroeconómico de nuestro país a causa de la pandemia de coronavirus y de su gestión, tanto a nivel público como también ciudadano, es la insuficiencia de recursos presupuestarios para hacer frente a todos los desembolsos que requiere el enorme esfuerzo de sostenimiento de emergencia y de ayuda, adicional al del propio funcionamiento de las Administraciones Públicas, que ya era financieramente deficitario en su conjunto antes de la llegada del COVID-19. El déficit público hasta junio se elevaba ya al 6.1% del PIB, con unos ingresos desplomados en línea con el PIB pero con gastos (sin intereses e inversión pública) crecientes.

Incluso con los préstamos y subvenciones europeas que se han activado para responder a esta crsis sanitaria, los meses que vienen van a requerir un ajuste notable de las cuentas públicas. La forma de hacer dichos ajustes dependerá mucho de cómo, cuándo y con quién consigue sacar adelante el Gobierno unos Presupuestos Generales del Estado más necesarios que nunca: un marco financiero claro, estable y sensato, con objeto de proporcionar una referencia a todos los actores económicos frente a una incertidumbre que es terrible para la actividad económica. Todo ello, sincronizado con una gestión responsable de los rebrotes.

Estos ajustes llevarán consigo tanto una reducción de gastos como (previsiblemente) una subida de impuestos. Y en ambos casos, como muy bien explica el magnífico libro de Alberto Alesina, Carlo Favero y Francesco Giavazzi (imagen adjunta), estamos hablando de austeridad. El libro viene con un serio aviso a navegantes: la evidencia que han recogido los autores apunta que los planes de austeridad basados en subir los impuestos han sido mucho más costosos que los planes basados en la consolidación del gasto. Recomiendo mucho su lectura.

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En cualquier caso, está por ver cómo los actuales responsables públicos denominan unos irremediables ajustes de gasto que, cuando fueron aplicados por un gobierno conservador, recibieron el nombre de recortes, palabra que usualmente ha venido acompañada de todo tipo de adjetivos descalificativos y ha estado asociada a las maldades del neoliberalismo.

Se les llame como se les llame, ya están a las puertas. Y no podremos ignorarlos con maquillajes conceptuales ni con palabras huecas.

El verano de nuestro descontento

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Contaba en mi entrada anterior del Blog Salmón que nuesta economía está sostenida en un limbo artificial, sin garantías sólidas de que pueda valerse por sí misma todavía, ni de que nos hallemos en condiciones de suministrárselas por nosotros mismos en las cantidades requeridas, dado el deterioro de las cuentas públicas. Los diferentes indicadores que hemos ido conociendo en julio y en agosto no han conseguido despejar estas dudas. Esta nueva entrega trata de hacer un recorrido por los indicadores más relevantes de nuestra economía durante el verano.

Leer el artículo completo: El Vacío Medio Lleno

El momento de la verdad

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Nuestra economía es como un enfermo grave, sostenido en la actualidad por un soporte vital avanzado con tratamiento de antibióticos y opiáceos para el dolor (ERTES, deuda, planes de ayuda, avales, subvenciones...). Su desconexión de la máquina en otoño resulta una icertidumbre: no tenemos todavía garantías sólidas de que el enfermo pueda valerse entonces por sí mismo sin ayudas adicionales, ni de que estemos en condiciones de suministrárselas por nosotros mismos en las cantidades requeridas, dado el deterioro de las cuentas públicas.

Nos acercamos al momento de la verdad. Mi nuevo artículo en El Blog Salmón sobre coyuntura económica española.

Boris Johnson, los tulipanes y el garbanzo contador

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En mi nuevo artículo, esta vez para Disidentia y sobre el #covid19, hago mías las palabras de Alberto Rojas para tratar un tema muy complejo y doloroso:

Un país que lucha por que no se mueran sus ancianos (mis padres y los tuyos) es mucho mejor que cualquiera que lo permita.

No cabe rendirse, nunca.

Leer artículo completo

Los efectos nocivos de una subida generalizada del salario mínimo en España

Hace unos días tuve el placer de darles a conocer a mi paisano Iván Aguilar, joven y brillante economista liberal y "thinknomic" de pro, traduciendo y compartiendo con ustedes un magnífico artículo suyo titulado "Más tecnología y menos construcción" , que tuvo muy buena acogida por mis lectores y por mis seguidores en Twitter.

Iván forma parte también de "Catalans Lliures", grupo de afanosos liberales catalanes independentistas que defienden, según sus palabras, "los valores de la libertad, la autonomía personal, la diversidad, la pluralidad, la ayuda mutua, el progreso, la paz y la tolerancia", elementos indispensables de lo que para ellos debería ser su anhelado "Estado Catalán", aunque para mí son valores universales y deseables para cualquier nación. De hecho, su ejercicio en Cataluña, muy pobre, no supone, por mucho que ellos lo deseen, un hecho diferencial con el resto de España. Unos y otros andamos escasos de valores liberales. Y creer, visto el presente percal, que en una Cataluña independiente ese espacio liberal tendría más cabida que en España , me parece cuando menos ingenuo. Pero ya se sabe, la juventud... 

No obstante, y con independencia de lo que yo pueda pensar sobre unicornios secesionistas, lo que escribe este grupo de jóvenes sobradamente preparados tiene mucho sentido y calidad, como por ejemplo el magnífico trabajo que hoy traduzco y comparto con ustedes sobre el salario mínimo. 

Temporalidad y salarios bajos

Lo primero que se analiza en el artículo es la definición de precariedad:

La precariedad del mercado laboral español estaría ligada a los salarios bajos de los trabajos poco cualificados. Pero precisamente el objetivo de la devaluación salarial que ha experimentado la economía española en los últimos años ha sido bajar los salarios para ganar competitividad. La precariedad, pues, no viene dada por los salarios bajos, sino por el exceso de contratos temporales y el gran número de horas no remuneradas. Echemos un vistazo al impacto del salario mínimo antes y después de la Gran Recesión en los contratos nuevos a tiempo completo en España (la línea vertical es el salario mínimo):
(Figura 1: Distribución de los salarios en los nuevos contratos a tiempo completo en España (2007 y 2012). Fuente: Marcel Jansen.)
Como se puede comprobar, la incidencia del SMI a tiempo completo es irrelevante. Vemos que la devaluación salarial en estos contratos ha desplazado la distribución salarial ligeramente hacia salarios inferiores.  Ahora añadimos los nuevos contratos a tiempo parcial: 
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(Figura 2: Distribución de los nuevos contratos a tiempo completo y parcial en España (2007 y 2012). Fuente: Marcel Jansen)
Como se puede apreciar en la Figura 2, el escenario cambia radicalmente. Vemos como el número de contratos a la izquierda del salario mínimo ha aumentado dramáticamente. Estos trabajadores son contratados a cambio de hacer horas no remuneradas o infraremuneradas en dinero B. El incremento de estos contratos hace bajar el salario nominal, justamente el objetivo de la devaluación salarial. ¿Quiere decir esto que el objetivo es aumentar la precariedad? No, no y no.
Cuando un Estado tiene moneda propia, las devaluaciones salariales se hacen vía tipo de cambio. Los trabajadores cobran el mismo salario pero las importaciones son más caras, de modo que se produce una pérdida generalizada de poder adquisitivo (es decir, caen los salarios reales). Este efecto se compensa a medio plazo con el incremento de exportaciones (mejora de la competitividad). Como algunos recordarán, en España este mecanismo fue ampliamente usado a principios de la década de los noventa.
En una Unión Monetaria (UM), sin embargo, no es posible devaluar la moneda, así que la devaluación se produce íntegramente vía salarios nominales. ¿Cuál es el problema? Pues que una bajada de los salarios nominales manteniendo intacto el SMI (o haciendo microsubidas) implica, de facto, un incremento importante del SMI relativo entre ambos períodos.
En una UM, pues, es obligado bajar el SMI cuando se opta por una devaluación salarial. En la Figura 2, esto equivale a desplazar la línea del SMI hacia la izquierda, lo que permite ajustar productividad y salarios y, consecuentemente, resulta innecesario obligar a hacer horas no remuneradas para ser contratado. En una UM, el equivalente a devaluar la moneda sin bajar el SMI sería limitar las exportaciones. Si miramos la proporción del SMI sobre la moda del salario nominal legal, veremos que éste ha aumentado entre 2007 y 2012. Por tanto, es incuestionable que el SMI relativo ha aumentado. Es por ello que los estudios sobre salario mínimo de Estados con autonomía monetaria no son aplicables a los Estados que forman parte de Uniones Monetarias, como es el caso del español. Por lo menos, hay que ser extremadamente cuidadoso a la hora de extrapolar.

Efectos no deseados. 

Tras su brillante introducción, Iván y sus colaboradores pasan a describirnos de manera cristalina los efectos perniciosos de una subida relativa del SMI con respecto a los salarios nominales:

La subida del SMI relativo provoca la aparición de economía sumergida, vía horas no remuneradas y reducciones de jornadas remuneradas. Las consecuencias son dramáticas: aumento de la rigidez, menor contratación, caída en picado de la recaudación y aumento del gasto público. Todo esto lo hemos vivido. Aumentar el SMI, por tanto, llevaría asociados aumentos en la temporalidad y, ergo, un incremento de la precariedad. Cuanto mayor sea el aumento, más graves serán las consecuencias. Ahora bien, como se distribuye esta precariedad?
Dos colectivos son especialmente sensibles: inmigrantes y jóvenes (...) 
El efecto del salario mínimo sobre el paro juvenil está tan ampliamente documentado que incluso hay consenso entre los especialistas: el SMI aumenta el paro juvenil y no tiene ningún efecto sobre el abandono escolar. La solución para reducir el impacto negativo del salario mínimo sobre el paro juvenil es introducir un salario mínimo para jóvenes sensiblemente inferior al normal, como recientemente ha propuesto el economista Marcel Jensen (ver artículo aquí). 
Actualmente, ¿qué incentivos tiene un empresario para invertir en la formación de un joven? Es mucho más eficiente, y genera más valor añadido bruto, contratar un adulto, sea inmigrante o no. Reducir el SMI para jóvenes, más que la reducción del SMI para adultos, permitiría que la empresa invirtiera en la formación de estos jóvenes, que más adelante podrían competir con los adultos. En trabajos intensivos en baja formación, la competencia se produce en las habilidades. Un adulto tiene más habilidades que un joven, sencillamente porque tiene más experiencia. Hay muchos países que aplican esta estructura dual de SMI, escalando progresivamente el salario mínimo para los jóvenes a medida que ganan experiencia. Es el caso de los Países Bajos (caso paradigmático), el Reino Unido, Francia o Estados Unidos.
(...) La teoría (y la evidencia empírica) dice que el abandono escolar es sensible a la variación del salario nominal relativo; es decir, cuando el salario de los que no tienen Bachillerato cambia respecto a los trabajadores con Bachillerato. La relación es negativa: cuando el salario de nivel educativo más bajo aumenta respecto al inmediatamente superior, el abandono escolar cae. El SMI es una medida absoluta, no relativa, del salario nominal. 
Los primeros estudios que se publicaron sobre la cuestión, entre ellos uno de Mattila y Orazi (...) indican que un salario mínimo más alto provoca un aumento en el número de escolarizaciones. Sin embargo, con el tiempo, la mayoría de estudios han apuntado hacia la teoría contraria. David Neumark, un economista de referencia en el ámbito del salario mínimo, ha estudiado la cuestión en Estados Unidos con varios autores. En esta tabla, extraída de su libro, se pueden observar los resultados de sus investigaciones.
Resumiendo: los resultados indican que un salario mínimo más alto reduce la probabilidad de que aquellos jóvenes que trabajan y estudian a la vez conserven esta situación, e incrementa la probabilidad de que terminen dejando la escuela para trabajar, o se conviertan ni-nis (intenten encontrar trabajo , sin éxito). Con el incremento del SMI también se reducen las probabilidades de que aquellos jóvenes que trabajan y que ya no van a la escuela vuelvan a escolarizarse, y por otro lado aumenta la probabilidad de que se conviertan ni-nis. Por último, los ni-nis ven aumentadas sus probabilidades de seguir siéndolo una vez se sube el salario mínimo.
(...)
Aumentar el salario mínimo mantendría o aumentaría el abandono escolar y aumentaría el paro juvenil, exactamente lo que ha pasado durante la Gran Recesión (el SMI ha aumentado de facto, y lo que se necesitaba era bajarlo, no mantenerlo). Millones de trabajadores cobrarían lo mismo pero trabajarían muchas menos horas. Miles de jóvenes hubieran reducido el tiempo necesario para encontrar su primer trabajo.
Respecto al tema de la inmigración, ésta aumenta cuando la demanda de trabajo (empresas) desborda la oferta (trabajadores), que es exactamente lo que ha pasado, ya que durante la burbuja el empleo creció por encima de la población:

(Figura 3: Evolución de la población, población ocupada y población activa en España (2002 hasta 2016). Índice 100 = 2002. Fuente: INE. )

Rigideces

El autor destaca en la parte final de su trabajo un factor tan importante como el de la rigidez de los mercados laborales. Así:

El consenso entre especialistas es que en economías avanzadas (los emergentes son otra historia), los mercados de trabajo rígidos generan lo que llamaríamos el "Asimetría del Terror": en ciclos expansivos la creación se modera y en ciclos recesivos la destrucción es explosiva ; en lugar de ajustar vía despidos, se cierran empresas enteras.
Aumentar el SMI no tiene ningún argumento a favor en España y sí un montón en contra de que, por motivos de extensión, no comentaremos. España (y Cataluña) tiene un mercado excesivamente rígido; lo que hay es reducir la rigidez, no aumentarla. Volviendo al gráfico de contratos a tiempo completo y tiempo parcial (Figuras 1 y 2), si se traslada el SMI hacia la derecha y se calcula el área entre los dos SMI (el viejo y el nuevo) se podrá cuantificar el aumento de la precariedad y las horas no remuneradas.
Un reciente trabajo sobre el impacto del aumento del paro da resultados típicos de mercados laborales rígidos. El aumento del paro impacta negativamente en el rendimiento escolar. Además, el impacto es mucho mayor si el parado es de edad avanzada, típico de los contratos completos indefinidos con grandes indemnizaciones. No hay ninguna indemnización que compense los problemas sobre el rendimiento escolar o de salud mental asociados en paro. Para estos parados, la única solución es un trabajo. Por ello, muchas socialdemocracias sencillamente han eliminado las indemnizaciones y también el salario mínimo centralizado. La excepción son los Países Bajos, que introdujo un salario mínimo juvenil de 515 €.
La reducción de la temporalidad es tan necesaria como el aumento de la parcialidad. El camino para lograrlo no es inventarse teorías que no existen, sino adoptar las medidas que sabemos que funcionan. Esto pasa por: reducir el salario mínimo, introducir un SMI para jóvenes, abrir fronteras y acoger refugiados, hacer una reforma institucional que reduzca la corrupción de partidos y sindicatos y reducir las indemnizaciones.

Para ello, como bien concluyen Iván y su equipo, debemos invertir directamente en protección social y "no en líneas de metro, tranvías, AVEs o carreteras infrautilizadas y que impactan negativamente en la productividad del trabajo y los salarios", reduciendo a su vez las barreras al comercio.

¿Qué piensan ustedes? A mí, francamente, me parecen unas propuestas sensatas y excelentemente documentadas, que cualquier gobierno responsable debería considerar.

Lo que NO es liderazgo

Los lectores que siguen este blog saben que escribo a menudo sobre liderazgo, pese a tener una visión ciertamente escéptica sobre el concepto, dado su exceso de uso y falta de aplicación en la práctica. Y  aunque pienso que el retrato robot del líder no existe, sí tengo claro lo que NO constituye liderazgo. Algunos ejemplos:  

  • Vanagloriarse con éxitos (económicos) ajenos como si fueran propios, para luego no reconocerlos como tales cuando se convierten en fracasos.
  • No admitir los errores, ni siquiera como oportunidad de mejora.
  • No reconocer la tormenta cuando los truenos son ensordecedores y los chuzos ya te están empapando.
  • No analizar otras alternativas que las propias ni reconocer mérito alguno a tus oponentes.
  • Tirarse a la piscina en lugar de arriesgar con fundamento.
  • Esperar continuamente golpes de fortuna.
  • Denostar la crítica ajena.
  • Criticar sin razonar.
  • No aparcar diferencias, ni ceder, ni negociar en aras del bien común.
  • No elegir a los más capaces sino a los más acomodaticios.

Esta reflexión viene a cuento teniendo en cuenta el descorazonador momento político que estamos viviendo. ¿Por qué no hemos sido capaces de arrimar el hombro como nación cívicamente madura y alcanzar acuerdos más allá de intereses partidistas, de regionalismos, localismos, trincheras y líneas rojas, acuerdos que articulen nuestros escasos recursos críticos y nos permitan salir de este marasmo, definiendo las bases comunes de un modelo de país para el futuro? ¿Por qué? Se me ocurren muchas respuestas posibles, ninguna definitiva.  

Estoy seguro que muchos ciudadanos de a pie, hartos de siglas, ideologías y campañas electorales, nos hacemos todos los días la misma pregunta. Es una cuestión justa y oportuna, pero que no puede desligarse de otra que tantas veces orillamos: ¿cuál es nuestra parte de responsabilidad en esta situación?

Mientras lo pensamos, el calendario avanza sin remedio...